|
Desde
el punto de vista organizacional uno de los componentes que cada día
tiene más importancia desde un enfoque estratégico, y por supuesto de
sobrevivencia es el concepto de “marketing”. Muchas personas que
trabajan dentro de esta vital unidad organizacional se enredan
demasiado en tratar de definirla. Tendente a colaborar con una
acepción muy sencilla, puede definirse de la siguiente forma: “es la
orientación del esfuerzo de una empresa para satisfacer las
expectativas razonables de sus clientes y, por supuesto obteniendo
ganancias como retribución”. Obviamente, es una frase muy sencilla
pero encierra lo medular de este tipo de gestión empresarial. La otra
verdad –a pesar de la posición de los especialistas en esta área del
conocimiento– es que tal significante no es algo nuevo, pues lleva
varias décadas en el argot corporativo. Esta inobjetable realidad es
rechazada por algunos de los directivos que están clavados todavía en
la “era de la producción”, mostrando en su habitual comportamiento
poco interés por los clientes. Sin temor a equivocaciones están
orientados únicamente a los procesos productivos, cuyo paradigma es
mediante procesos manufactureros cómodos para fabricar cualquier tipo
de producto y posteriormente tratar de venderlos.
Su modelo mental está fijo en que existen personas para comprar la
producción y no aceptan que la existencia de las empresas está basada
en atender al público, y en general, a las necesidades de una sociedad
que cada día es más exigente.
Uno de los grandes cambios en la cultura organizacional de las
empresas triunfadoras es haber reorientado su visión de ser una
compañía eminentemente productiva a una de orientación hacia el
marketing. Fundamentada en un credo de llevar a la práctica la
administración conceptual de los principios fundamentales del
“marketing”, que están conscientes de ofrecer a sus clientes lo que
verdaderamente necesitan, en lugar de lograr que los consumidores
compren lo producido. Este enfoque orientado hacia el marketing tiene
tres columnas básicas: 1) satisfacción total del cliente; 2º) un
esfuerzo sistémico de la empresa y 3º) utilidades como objetivo. En
consecuencia la operatividad integral de la compañía se centra en la
satisfacción del cliente.
Garantizarle
al consumidor lo que necesita, pudiese ser tan obvio que quizás muchas
personas no comprendan por qué el concepto de marketing reclama una
dedicación por encima de lo normal. Lamentablemente la gente no
siempre actúa con base en la lógica y lo axiomático, más aún cuando se
trata de cambiar los modelos de conductas habituales. Esto es
fácilmente comprobable en las empresas cuya funcionalidad todavía está
enmarcada en el modelo convencional, en donde cada unidad de la
organización es una “pequeña parcela” y cada gerente es dueño y señor
del “conuco” (quien piensa que su actividad departamental es la más
importante y que el resto de la organización le sirve de soporte). Por
cuanto no tienen una visión sistémica, a ninguno le interesaba qué
está sucediendo en el resto de las unidades estratégicas de la
organización. Es decir, es un pensamiento muy estrecho y miope.
Entonces se requiere un cambio en los modelos mentales y en el dominio
personal de los gerentes, para comprender que en los actuales momentos
y gracias a la economía globalizada la competitividad mundial es muy
severa y requiere ese importante de cambio que significa que las
empresas tienen que estar orientadas al marketing, en donde todos los
departamentos por medio de un proceso sinérgico están alineados a la
total satisfacción de las necesidades del cliente. La implantación del
modelo de marketing no conlleva el derrumbamiento de las cercas de las
empresas, tampoco representa un reto de desaparición de las unidades
organizacionales convencionales, por cuanto la especialización en la
base, siempre será necesaria. Esta nueva filosofía total empresarial
tiene como finalidad fundamental su operatividad con base en lo que
esperan los consumidores y no a lo que les gustaría hacer a cada
departamento. En estas organizaciones debe existir un sistema taxónimo
o de inclusión en la empresa que pretenda establecer esta nueva
cultura organizacional, aceptando que en este enfoque holístico están
comprometidas todas las unidades organizacionales.
Cuando el pensamiento de los diferentes directivos está alineado hacia
el concepto de “marketing”,resulta fácil asimilar que la satisfacción
de las expectativas razonables del cliente, es el medio más expedito
no solamente para obtener utilidades, sino que también es una
herramienta estratégica de sobrevivencia y de desarrollo. Si las
empresas quieren entender lo que hay que hacer para lograrlo, conviene
adoptar el punto de vista del cliente.
De acuerdo a los resultados de los estudios realizados el cliente
tiene dos enfoques de las ofertas que pueda percibir del mercado. La
primera y más importante es cuáles beneficios obtendrá de la oferta en
cuestión y la segunda es que debe dar a cambio. Por supuesto que hay
distintas necesidades relacionadas con los diferentes beneficios, sin
lugar a dudas éstos y los costos representan diferentes singularidades,
moviéndose desde los materiales, así como también de los psicológicos,
por supuesto que la situación donde se puede realizar la transacción
incide directamente. Pero lo más importante es la percepción que tenga
el cliente. La combinación de todos los elementos anteriores es lo que
se denomina: Valor para el Cliente.
[Índice
Gerencia en Acción]
Correo-E:
gerencia_en_acción@cantv.net
También publicado en:
www.revistainterforum.com

|