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En la historia de la humanidad
se han presentado muchos debates intelectuales acerca de innumerables
temas; pero tal vez uno de los más antiguos y que siempre ha
despertado un interés apasionante se debe a la “naturaleza” o
“fenómeno” en la influencia predominante en la conducta, la
inteligencia y los niveles de logro de las personas, los cuales se
estimulan y reafirman por medio de la influencia de un liderazgo. Sin
lugar a dudas, tal vez nunca se llegue a una conclusión científica y
definitiva en referencia a este dificultoso tema. A pesar de esta
realidad se ofrecen en esta oportunidad algunas ideas propias acerca
de este arte. Por varias décadas se ha tenido la oportunidad de
observar, desarrollar y por supuesto trabajar conjuntamente con
infinidades de personas que por mucho tiempo han fungido como tales y,
se ha llegado a la conclusión que casi todos los líderes exitosos
nacieron con una “carga genotípica especial” que se va reafirmando a
medida que evolucionan desde la niñez, en donde existieron factores de
hogar y del entorno en general que influyeron en forma determinante
para que dichas personas sean como adultos, líderes triunfadores.
Muchos especialistas definen el éxito en términos de representar una
importancia fundamental en cualquier tipo de escenario en donde
durante el tiempo que se esté ocupando una posición de lideranza se
logren los resultados establecidos. Este hecho fácilmente se puede
medir por medio de los indicadores de gestión, tales como: garantizar
que los clientes estén satisfechos con la creencia de que han
alcanzado el mayor valor posible por su inversión en productos, bienes
y servicios; posibilidades de desarrollo para sus más cercanos
colaboradores; así como también aspectos económicos, incremento en las
ocasiones de trabajo remunerado y satisfactorio para la fuerza de
trabajo. Pero además se requieren las fases filosóficas de exigencia
vitales de la moralidad tanto en la vida personal, como pública.
Con el convencimiento que sin el carácter
moral, un líder carece de valor y se torna peligroso.
De acuerdo a los teólogos, el carácter moral protege a las personas
del demonio que se encuentra en su interior y a su entorno de los
efectos de una carencia vacía de lineamientos morales.
F. Mozzati del Club de la Efectividad en referencia a lo que debe ser
un líder triunfador afirma lo siguiente: “Ser
un líder significa reconocer la pasión, la autenticidad, la integridad
y la ética, como las piedras fundacionales del liderazgo efectivo,
sobre el cual construiremos el cambio. Estas son sin lugar a dudas
elecciones personales, y no lo que podamos aprender estudiando acerca
de líderes y liderazgo. Ser un líder significa, por sobre todo,
conocer en profundidad quienes somos… ”
De acuerdo con el Dr. M. Barroso los valores son creencias, principios
intrínsecos que proporcionan un encuadre ético a la organización y al
negocio. Agregando que los valores comunican un sentido de respeto al
orden establecido, refleja que lo que se hace, se hace por razones
superiores a los meramente comerciales o mercantilistas. Ejemplos: la
lealtad con el cliente, la honestidad en la transacción, el
comportamiento con lo pautado y el respeto al otro. ¡Es decir se debe
actuar con un alto grado de moralidad!
Desde el punto de vista de liderazgo se puede actuar reclamando
valores, pero a la hora de decidir, si son sostenidos o mantenidos en
vigencia, no se reconoce ninguna razón que merezca la pena el
sacrificio personal y son abandonados lisa y llanamente o simplemente
son camuflados. Es posible que esto suceda debido a que los valores
son incorporados por repetición automática, adheridos por la fuerza de
los usos y de las costumbres, pero a la hora de la verdad no
significan nada. Son palabras vacías de contenido, que no se pueden a
veces ni siquiera definir. Estos son los componentes del modelo mental
y actitudinal de los líderes mediocres como “amos peligrosos”. Muchos
de estos ejemplares llegan a la administración pública o a ocupar un
cargo en una empresa con cabeza llena de valores y de ilusiones y al
comenzar a caminar dentro de esos escenarios los van dejando caer
“casi sin darse cuenta” o con “remordimiento tal vez…” Lo malo de esta
realidad –muy predominante en Venezuela en el último lustro– es que ha
creado un círculo vicioso, que inunda todo arrasando con las
convicciones y buenos propósitos. Una cosa es tener principios y
valores y estar dispuesto a asumir las consecuencias por no
traicionarlos y otra es eliminar a como de lugar al que no piensa de
esa forma. A través de la historia de la humanidad se han tenido
muchos casos que reflejan este ambiente inmoral –el Imperio Romano,
entre otros– y se ha probado que no es el mejor camino para construir
nada. Pareciera ser que estas son las características en las naciones
latinoamericanas. Por ejemplo, en consonancia con esta realidad y
asociándola a la situación que ha venido demostrando Argentina en los
últimos tiempos, la Prof. A. Benítez de la Universidad Católica de ese
país, ha expresado lo siguiente: “Tengo una
convicción profunda que si no sostenemos valores básicos con la fuerza
y determinación de un principio, nos convertiremos tarde o temprano en
una nación y un país inviables”. (Cualquier parecido con la
realidad actual venezolana es pura coincidencia).
Existen tres principios básicos en el liderazgo basado en valores: 1º)
Actuar con claridad. La administración por valores no es simplemente
un programa más, como cualquier otro es: ¡un
estilo de vivir con una alta moral!, 2º) comunicar
eficientemente. El secreto para que funcione la administración por
valores es: ¡hacer aquello en que todos
creemos, y creer en lo que hacemos! y 3º) alinear las
prácticas. Cuando se alinean alrededor de
valores compartidos y se unen en una misión común, personas
comunes y corrientes logran resultados
extraordinarios y le dan un margen
competitivo a todos los escenarios en donde actúa este tipo
de líder.
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