Guadalajara.-- Latinoamérica y
el Caribe es la zona del planeta más cercana a Europa desde el punto
de vista cultural, lingüístico y demográfico. La región se percibe
como escenario idóneo para la adaptabilidad del modelo de integración
regional europeo, como alternativa del ALCA y NAFTA. En ese contexto
se inserta la III Cumbre entre la Unión Europa, Latinoamérica y el
Caribe, a celebrarse el 28-29 de mayo en Guadalajara.
El nuevo fenómeno europeo de la ampliación de la UE de 15 a 25
miembros se puede ver como oportunidad. El perfil de la nueva UE
contribuye a que la grieta se aminore. Con la ampliación, los
latinoamericanos descubrirán una Europa con perfiles parecidos.
El volumen demográfico de la UE ampliada y América Latina es muy
similar. Una representa el 8% de la población mundial, y los
latinoamericanos son el 7% de los habitantes del globo. Ahora bien, el
ingreso europeo ocupa una cuarta parte del mundial, mientras
Latinoamérica se contenta con un magro 6%. Mientras las exportaciones
de productos europeos se llevan el 38% del trasiego del globo, las
exportaciones de América Latina solamente llegan al 5% de las
mundiales.
Mientras Europa engulle el 35% de las exportaciones mundiales,
América Latina solamente compra el 5,4%. En conjunto, entonces, con
similar población, mientras la UE controla algo más de un tercio del
comercio mundial, América Latina sólo reúne aproximadamente un
doceavo.
México (con el mejor ingreso per cápita de América Latina), con
6.000 dólares anuales por habitante, se aproxima al de Hungría (8.378)
y la República Checa (8.242), nuevos socios de la UE. Turquía (3.533),
el eterno aspirante, tiene un ingreso per capita parecido al de
Argentina (3.322) y Uruguay (3.275). Ahora bien, todavía la nueva UE
de 25 posee un PBI seis veces por encima de los 20 países
latinoamericanos. El PBI de toda América Latina, mientras en bloque
dobla la dimensión económica de España, no llega al nivel de Alemania
y es apenas un poco superior al de Italia.
Hoy, Europa es el interlocutor económico y político más importante
de América Latina y el Caribe, es su mayor donante de ayuda al
desarrollo, su primer inversionista y su socio comercial más
relevante.
La UE ha apoyado desde su nacimiento al MERCOSUR, con acuerdo que
proporciona asistencia técnica e institucional y en la actualidad está
negociando otro acuerdo de Asociación Política y Económica, que
incluye la reciente oferta de trato preferencial para los productos
agrícolas. Desde su puesta en marcha en 1984, el diálogo de San José
(en gran parte diseñado para contribuir a los procesos de paz en el
istmo) se ha convertido en un foro esencial de discusión política
entre la UE y Centroamérica, con el objeto de consolidar el proceso
democrático y apoyar la integración regional. La UE también ha apoyado
el proceso andino de integración desde que el Acuerdo de Cartagena
estableció la Comunidad Andina (llamada anteriormente Pacto Andino) en
1969, y desde la Declaración de Roma en 1996 funciona un diálogo entre
las dos regiones, con prioridad de los temas de integración,
democracia, derechos humanos y la lucha contra el narcotráfico.
En el Caribe, la UE tiene una larga y densa historia de apoyar el
proceso de integración de CARICOM y su engarce en los Convenios de
Lomé y su sucesor, el Acuerdo de Cotonou, en los que se incluye la
diversa y tortuosa inclusión de los países no británicos (Surinam,
República Dominicana, Haití, y la siempre difícil, por no decir
imposible, Cuba).
Significativamente, los acuerdos más concretos de asociación se han
forjado con países individuales, México (que es socio del TLCAN) en
1997, y Chile, que no pertenece formalmente a ningún bloque, en 2002.
Una serie de programas horizontales a nivel subregional prestan
atención a sectores especiales: AL-INVEST (para compañías pequeñas y
medianas), ALFA y ALBAN (educación), URB-AL (entre ciudades), ALURE
(energía), @LIS (tecnología informática), ATLAS (cámaras de comercio),
y la nueva EUROsociAL (cohesión social).
Entre los obstáculos para la consolidación de la relación entre Europa
y América Latina/Caribe, destaca la presencia de los Estados Unidos y
sus argumentos basados en la cercanía y el simple libre comercio. La
inversión extranjera directa sufrirá la competencia de la Europa del
Este, ahora dentro de la UE, se convierte en más atractiva que América
Latina para aventuras de futuro, con mayores garantías jurídicas, mano
de obra calificada, una economía abierta, y acceso directo a un
mercado de 450 millones. Mientras tanto, la ayuda de la UE no es
suficiente para paliar la desigualdad y la exclusión social. Además,
la resistencia a profundizar la integración regional dificulta la
competitividad internacional, con lo que el modelo europeo no se ve
como exportable o adaptable.
1) Joaquín Roy es catedrático ‘Jean Monnet’ y director del Centro
de la Unión Europea de la Universidad de Miami.
jroy@Miami.edu
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